Con gozo en el alma, con la Luz guiando la mente y … con los pies en el suelo. Así camina un ser iluminado cuando descubre la dimensión eterna del Cosmos. Así transcurre el ahora de una vida que reconoce y participa de la Vida que bulle en la calle, en el trabajo, en la formación, en los grandes centros comerciales y en la pequeñez del propio hogar…tanto el físico como el interior.
YO: ¿Tenemos los humanos algún tipo de vínculo más allá de los lazos de amor y amistad que establecemos socialmente?
NITHAEL: No existen vínculos entre las personas. No es que haya como una intranet entre vosotros de manera que podáis reconoceros o comunicaros internamente. Esa es una manera parcial, que a menudo dais por verdadera, de asistir a lo que realmente ocurre en el Universo. Podéis disfrazaros de altos o bajos, de elegancia o informalidad, de actitudes defensivas o tiernas…podéis incluso alimentar el falso pensamiento de que “yo no soy como ese/a que va por ahí”. Inclusive podéis buscar “evidencias” materiales que avalen vuestra pretendida distinción personal frente a vuestros iguales. Podéis seguir confundiéndoos y engañando a vuestra Conciencia, pero una realidad muy diferente es la que os arropa a todos: una persona encontrándose con otra es lo mismo que esa misma persona viéndose reflejada en un espejo.
En primer lugar, los humanos tenéis un físico exactamente igual: cabeza, tronco y extremidades. La variación es simplemente fruto de la genética desarrollándose en sus múltiples posibilidades…y de vuestra Historia personal, con sus atrofias y mutilaciones físicas, sean cuales hayan sido sus causas. Pero por más que busquéis en el día a día, no encontraréis una persona con flores, espinas, alas ni plumas articulándose en un costado ni surgiendo en mitad de su frente. Y yendo más allá de lo físico, si saliérais de vuestras artificialidades e inservibles caparazones, sabríais que si preguntáis a un mendigo, a un ama de casa, a un ejecutivo o a una estudiante de primaria, TODOS ELLOS están habitados por miedos, por dudas, afectos, necesidades, ideas, ilusiones… Todos sufren por lo mismo, todos albergan temores comunes, todos se sienten felices con la consecución de sus objetivos y se enternecen con un mismo estímulo exterior. Es decir, todos son iguales, todos son uno…TODOS SOIS UNO!!!
YO: Y ¿qué es lo que nos une?
NITHAEL: Lo que os une es la realidad primera y más sencilla de todos vosotros, lo esencial del ser humano. Y como dijo Saint-Exupery una vez en boca de El Principito: “Lo esencial es invisible a los ojos”. Lo que os une…mejor dicho, lo que NOS UNE (porque es ahí donde nos permitís a los seres no-humanos relacionarnos con vosotros) es la Energía, la Vida, el Espíritu, el Prana, el Amor, el Ki… Podéis utilizar la palabra que más resuene con vosotros, pero la realidad es la misma. Lo que provoca que estéis aquí conversando con un ser incorporal y extrayendo lo que pueda haber de Verdad en mis palabras es lo mismo que os hace iguales, EXACTAMENTE IGUALES que la niña que canta en el balcón o el obrero que se ajusta su mono de trabajo o la mujer madura que empuña su carro de la compra. No hay distinción, tan sólo alguna insignificante diferencia, marcada por la Historia y genealogía personal, pero nada más. La Energía que fluye en el interior es la que nos conecta con los demás y con el mundo. La Luz que emana de los que no tenemos cuerpo es lo que os recuerda a vosotros, humanos, que también vosotros mismos sois Luz, que también la Paz que os llega a través de nosotros resuena y vibra con la Paz que habita en algún lugar de vuestro interior (lo hayáis descubierto o aún no) y por eso os hace sentir bien el manejo de información acerca de nosotros y la propia relación que tenéis con nosotros: porque en el fondo sabéis (aún sin saberlo a veces, pero lo presentís) que vosotros y nosotros somos la misma cosa; que vosotros y esa persona que os ha mirado fijamente al cruzaros en la calle os sabéis partes de un mismo puzzle; que vosotros, en aquella situación de comprensión-sin-palabras con un extraño en un determinado momento, estábais entrando en comunión con el “YO” más profundo de ambos, favoreciendo la unión del Universo.
YO: ¿Así que ese es el motivo de que busquemos satisfacer nuestras ansias espiritules: que todos somos UNO?
NITHAEL: La Unidad de la que todos formamos parte es el impulso mismo que os mueve a acercaros a nosotros, es el momento mismo del contacto entre seres humanos y espirituales, y es el fruto-perfeccionamiento-evolución que se produce en el desarrollo del Universo. Por eso nosotros os buscamos constantemente: para ayudaros a recordar que hay Vida más allá de vuestras vidas particulares, para brindaros la posibilidad que nosotros tenemos de trascender el Tiempo y el Espacio, para desestabilizar vuestras rutinas mentales y sensoriales de que sois distintos a vuestros congéneres y acercaros un poco más cada día a la Luz, la Paz y la Energía que nos envuelve y arropa como una Madre y que es nuestro destino común.
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viernes, 4 de diciembre de 2009
viernes, 18 de septiembre de 2009
EN EL NOMBRE DEL PADRE
Es curioso conversar con unos futuros padres y ver con que ilusión tienen ya pre-elegidos los nombres de sus futuros hijos, y cómo negocian entre ellos el nombre de cuál de los dos será el elegido para el futuro ser.
YO: ¿Qué función tiene el nombrar a una persona?
NITHAEL: Los seres humanos tenéis un cuerpo o materia, pero no sois sólo materia, sino que sois además piezas energéticas del gran puzzle en construcción que es la Energía, la Conciencia, el Universo o Uno….en definitiva…EL SER. Cuando nombráis a un ser estáis creando con vuestra voz, que es emitida desde vuestro cuerpo material, un puente para invocar a ese “cuerpo” energético que es el ser nombrado. La palabra crea la unión entre lo material del ser (puesto que designa o nombra a un “yo” físico) y la energía que lo habita (el “yo” invisible). Nombrar algo o a alguien es invocar su vibración energética y asociarla con un cuerpo, ya esté éste presente o ausente. Nombrar a alguien es atraer hasta el ser que está nombrando a la energía vital del ser que es nombrado. Es hacerle estar real y verdaderamente presente en ese “aquí” y ese “ahora” del nombramiento. Es invocar, llamar, traer al presente a un espíritu encarnado, sin siquiera necesidad de que su cuerpo físico esté presente. Puede un ser estar físicamente a miles de kilómetros del invocador, y basta sencillamente con nombrarlo para que su esencia espiritual se haga presente en el lugar mismo de la invocación.
YO: Entonces es una responsabilidad importante el elegir uno u otro nombre para un ser que viene a la existencia, ¿no es así?
NITHAEL: A menudo soléis deciros aquello de “la intención es lo que cuenta”. Pues éste es el motivo de esa expresión. Un nombre no siempre es el correcto para una persona en concreto; al igual que a menudo vuestro hacer no es el más adecuado para crear la realidad que pretendéis. No siempre el nombre que empleáis es la palabra que más certera y eficazmente hace presente a la vibración energética del ser nombrado. Sin embargo, la intención de hacerle presente es lo que le hace ser atraído a ese presente. Es por eso que vuestros seres pre-existentes ponían nombres en función de características físicas del nuevo ser, o bien de un acontecimiento físico sucedido en el momento del alumbramiento del nuevo ser (algo que evoque la energía que en ese momento se estaba encarnando), o sencillamente el nombre de un antepasado (por la convicción de que un “algo” de ese anterior ser pre-existente va a permanecer presente en este nuevo ser por lógica de permanencia generacional). De esa manera se aseguraban que la vibración de energía del nuevo ser estuviese en consonancia con la materialidad del mismo y con el nombre que les representaría a ambos en adelante.
YO: ¿Qué consecuencias tiene entonces el nombrar a alguien? Porque, tal como lo explicas, me hace ver que nombramos a los demás con relativa facilidad y sin demasiados miramientos…
NITHAEL: Amén. Hay Verdad en tus palabras. Nombrar a un ser es adquirir la facultad de poder sobre la esencia espiritual de ese ser. Al alcanzar la capacidad de traerle al presente, es también una manera de tenerle o poseerle a voluntad. Tened en cuenta, humanos, que al tener poder sobre el ser espiritual, se adquiere también en parte su autoridad, sus capacidades y potenciales. Es por eso que el Dios de Israel no se deja nombrar por Moisés:
“Contestó Moisés a Dios: «Si voy a los israelitas y les digo: "El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros"; cuando me pregunten: "¿Cuál es su nombre?", ¿qué les responderé?»
Dijo Dios a Moisés: «Yo soy el que soy.»
Y añadió: «Así dirás a los israelitas: "Yo soy" me ha enviado a vosotros. (…). Éste es mi nombre para siempre, por él seré invocado de generación en generación.» “
(Éxodo 3, 13-15)
Es por eso que se dice de los primeros cristianos que sanaban realidades enfermas de sus contemporáneos: porque lo hacían todo en nombre de Jesucristo. Y al invocarle con ese nombre (que procede de: Jesús, “Dios salva a su pueblo”, el perfecto hombre material y Cristo, “el Ungido”, el perfecto Ser) le hacen presente con todo su poder y capacidades como Dios encarnado, Ser en materia, Conciencia reunificadora.
El nombre es un arma de poder. Es una sencilla pero, a la vez, muy eficaz herramienta. Por eso se os ha dado un resumen de todo lo aquí considerado para que lo tengáis siempre presente:
YO: ¿Qué función tiene el nombrar a una persona?
NITHAEL: Los seres humanos tenéis un cuerpo o materia, pero no sois sólo materia, sino que sois además piezas energéticas del gran puzzle en construcción que es la Energía, la Conciencia, el Universo o Uno….en definitiva…EL SER. Cuando nombráis a un ser estáis creando con vuestra voz, que es emitida desde vuestro cuerpo material, un puente para invocar a ese “cuerpo” energético que es el ser nombrado. La palabra crea la unión entre lo material del ser (puesto que designa o nombra a un “yo” físico) y la energía que lo habita (el “yo” invisible). Nombrar algo o a alguien es invocar su vibración energética y asociarla con un cuerpo, ya esté éste presente o ausente. Nombrar a alguien es atraer hasta el ser que está nombrando a la energía vital del ser que es nombrado. Es hacerle estar real y verdaderamente presente en ese “aquí” y ese “ahora” del nombramiento. Es invocar, llamar, traer al presente a un espíritu encarnado, sin siquiera necesidad de que su cuerpo físico esté presente. Puede un ser estar físicamente a miles de kilómetros del invocador, y basta sencillamente con nombrarlo para que su esencia espiritual se haga presente en el lugar mismo de la invocación.
YO: Entonces es una responsabilidad importante el elegir uno u otro nombre para un ser que viene a la existencia, ¿no es así?
NITHAEL: A menudo soléis deciros aquello de “la intención es lo que cuenta”. Pues éste es el motivo de esa expresión. Un nombre no siempre es el correcto para una persona en concreto; al igual que a menudo vuestro hacer no es el más adecuado para crear la realidad que pretendéis. No siempre el nombre que empleáis es la palabra que más certera y eficazmente hace presente a la vibración energética del ser nombrado. Sin embargo, la intención de hacerle presente es lo que le hace ser atraído a ese presente. Es por eso que vuestros seres pre-existentes ponían nombres en función de características físicas del nuevo ser, o bien de un acontecimiento físico sucedido en el momento del alumbramiento del nuevo ser (algo que evoque la energía que en ese momento se estaba encarnando), o sencillamente el nombre de un antepasado (por la convicción de que un “algo” de ese anterior ser pre-existente va a permanecer presente en este nuevo ser por lógica de permanencia generacional). De esa manera se aseguraban que la vibración de energía del nuevo ser estuviese en consonancia con la materialidad del mismo y con el nombre que les representaría a ambos en adelante.
YO: ¿Qué consecuencias tiene entonces el nombrar a alguien? Porque, tal como lo explicas, me hace ver que nombramos a los demás con relativa facilidad y sin demasiados miramientos…
NITHAEL: Amén. Hay Verdad en tus palabras. Nombrar a un ser es adquirir la facultad de poder sobre la esencia espiritual de ese ser. Al alcanzar la capacidad de traerle al presente, es también una manera de tenerle o poseerle a voluntad. Tened en cuenta, humanos, que al tener poder sobre el ser espiritual, se adquiere también en parte su autoridad, sus capacidades y potenciales. Es por eso que el Dios de Israel no se deja nombrar por Moisés:
“Contestó Moisés a Dios: «Si voy a los israelitas y les digo: "El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros"; cuando me pregunten: "¿Cuál es su nombre?", ¿qué les responderé?»
Dijo Dios a Moisés: «Yo soy el que soy.»
Y añadió: «Así dirás a los israelitas: "Yo soy" me ha enviado a vosotros. (…). Éste es mi nombre para siempre, por él seré invocado de generación en generación.» “
(Éxodo 3, 13-15)
Es por eso que se dice de los primeros cristianos que sanaban realidades enfermas de sus contemporáneos: porque lo hacían todo en nombre de Jesucristo. Y al invocarle con ese nombre (que procede de: Jesús, “Dios salva a su pueblo”, el perfecto hombre material y Cristo, “el Ungido”, el perfecto Ser) le hacen presente con todo su poder y capacidades como Dios encarnado, Ser en materia, Conciencia reunificadora.
El nombre es un arma de poder. Es una sencilla pero, a la vez, muy eficaz herramienta. Por eso se os ha dado un resumen de todo lo aquí considerado para que lo tengáis siempre presente:
“ Porque donde están dos o tres reunidos EN MI NOMBRE, allí estoy yo en medio de ellos. “
(Mateo 18, 20)
¡¡¡ VÍVELO !!!
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